El Arte de Amargarse la Vida - Ilusión de las Alternativas
Un factor eficaz de interferencia en las relaciones consiste en dar al otro sólo dos posibilidades de elección, y, tan pronto como se ha decidido por una, culparle de no haber escogido la otra. En la ciencia de la comunicación, este mecanismo es conocido con el nombre de «ilusión de las alternativas» y su esquema fundamental simple es: si hace A, debería haber hecho B, y si hace B, debería haber hecho A. Un ejemplo muy claro de ello está en los consejos ya citado de Dan Greenburg a las madres judías «Regale a su hijo Marvin dos camisas de deporte. Cuando por primera vez se ponga una de las dos, mírele con tristeza y dígale: ¿No te gusta la otra?»
Psiquiatras y psicólogos no saben explicar por qué todos tendemos a caer en la trampa del mecanismo de las alternativas, cuando, en general, no tenemos problema en rechazar una u otra alternativa individualmente, esto es, cuando nos las presentan por separado. Hay que aprender a aprovechar este hecho de la experiencia, si uno quiere dedicarse a complicar las relaciones.
He aquí unos ejercicios sencillos para principiantes:
1. Pida usted a alguien que le haga un favor. Tan pronto como se disponga a hacerlo, pídale rápidamente que haga algo distinto. Como no podrá hacer las dos cosas a la vez, sino una después de la otra, la victoria ya es de usted: si quiere llevar a cabo la primera que ha empezado, usted puede quejarse de que deja sin atender la segunda, y al revés. Si se enfada por ello, puede usted expresarle su disgusto de que últimamente esté de tan mal humor.
2. Diga o haga usted algo que tanto pueda tomarse en serio como en broma. Después inculpe al otro, según como haya reaccionado, de tomarse en broma las cosas serias o de no tener ningún sentido por el humor.
3. Pida usted a su consorte que lea esta página advirtiéndole que en ella se describe exactamente la actitud que adopta respecto a usted. En el caso poco probable de que le dé la razón, habrá confesado una vez para siempre sus manipulaciones en la relación con usted. En el caso mucho más probable de que rechaze su afirmación, usted también habrá ganado. Es decir, puede demostrarle usted que (con su rechazo) precisamente lo ha hecho otra vez, diciéndole, por ejemplo: «Si acepto tus manipulaciones sin decir nada, me manipulas todavía más; si, como ahora, te llamo la atención, me manipulas afirmando que no me manipulas.»
También resulta útil exigir una serie de aseveraciones graduales de manera que tan pronto se ha afirmado una, se pone en duda en el grado máximo superior. En el libro ya citado de Laing, Knots, se encuentran ejemplos magistrales de ello. Aquí, la palabra «realmente» desempeña un papel decisivo. El siguiente ejemplo está tomado de él:
«¿Me quieres?»
«Sí.»
«¿Realmente?»
«Sí, realmente.»
«Pero ¿realmente realmente?»
Psiquiatras y psicólogos no saben explicar por qué todos tendemos a caer en la trampa del mecanismo de las alternativas, cuando, en general, no tenemos problema en rechazar una u otra alternativa individualmente, esto es, cuando nos las presentan por separado. Hay que aprender a aprovechar este hecho de la experiencia, si uno quiere dedicarse a complicar las relaciones.
He aquí unos ejercicios sencillos para principiantes:
1. Pida usted a alguien que le haga un favor. Tan pronto como se disponga a hacerlo, pídale rápidamente que haga algo distinto. Como no podrá hacer las dos cosas a la vez, sino una después de la otra, la victoria ya es de usted: si quiere llevar a cabo la primera que ha empezado, usted puede quejarse de que deja sin atender la segunda, y al revés. Si se enfada por ello, puede usted expresarle su disgusto de que últimamente esté de tan mal humor.
2. Diga o haga usted algo que tanto pueda tomarse en serio como en broma. Después inculpe al otro, según como haya reaccionado, de tomarse en broma las cosas serias o de no tener ningún sentido por el humor.
3. Pida usted a su consorte que lea esta página advirtiéndole que en ella se describe exactamente la actitud que adopta respecto a usted. En el caso poco probable de que le dé la razón, habrá confesado una vez para siempre sus manipulaciones en la relación con usted. En el caso mucho más probable de que rechaze su afirmación, usted también habrá ganado. Es decir, puede demostrarle usted que (con su rechazo) precisamente lo ha hecho otra vez, diciéndole, por ejemplo: «Si acepto tus manipulaciones sin decir nada, me manipulas todavía más; si, como ahora, te llamo la atención, me manipulas afirmando que no me manipulas.»
También resulta útil exigir una serie de aseveraciones graduales de manera que tan pronto se ha afirmado una, se pone en duda en el grado máximo superior. En el libro ya citado de Laing, Knots, se encuentran ejemplos magistrales de ello. Aquí, la palabra «realmente» desempeña un papel decisivo. El siguiente ejemplo está tomado de él:
«¿Me quieres?»
«Sí.»
«¿Realmente?»
«Sí, realmente.»
«Pero ¿realmente realmente?»

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