jueves, 11 de diciembre de 2014

Soltar Todo

Repetidas veces se escucha en diversas corrientes o mensajes de superación que debemos aprender a soltar, pero cuando nos enfrentamos a esto es cuando nos damos cuenta de que no es tan sencillo.
Primero debemos comprender qué es y para qué necesitamos soltar. Ello equivale a dejar ir, y tratándose de la libertad, de dejar ir aquellas cosas que estén limitando nuestra libertad de ser en cualquier sentido: dejar ir ideas fijas, conceptos, creencias, juicios, miedos ficticios, necesidades de lo externo, reglas, situaciones dolorosas, y todo aquello que ate nuestro potencial.
Cuando verdaderamente dejamos ir algo, se genera un vacío que por consecuencia permite el espacio que será ocupado por algo nuevo. Tomar conciencia de aquello que estamos soltando en pro de algo mejor, hace que nos adueñemos de la elección que tenemos para las experiencias que queremos vivir.

Para soltar hay que confiar, y para poder confiar debemos ser amos de lo que elegimos. Frecuentemente nos enfrentamos a no poder soltar aquello que nos está lastimando de cualquier forma, y aunque esto incluso ya esté concluido, es el miedo a dejarlo ir el que lo sigue manteniendo ahí. Entonces resulta de mucha ayuda ir un escalón más abajo. Si tenemos un trabajo que odiamos y no queremos dejarlo ir por las razones de peso que sean, podemos no soltar el trabajo sino las ideas que tenemos sobre lo que somos capaces de hacer.

No siempre es la situación que nos asfixia la que realmente debemos soltar, sino aquellas cosas detrás que se convierten en lecciones importantes para aprender más sobre nuestra libertad. A veces el proceso de soltar toma cierto tiempo, es decir que no se da necesariamente de un momento a otro, sino que paulatinamente vamos soltando pequeños nudos de una gran madeja.

Lo importante es tener la disposición, la intención y la elección consciente para soltar. Nuestra propia historia personal puede ser una gran inspiración para decidir soltar. Muchas cosas satisfactorias que nos han ocurrido seguramente fueron precedidas por un gran dejar ir de nuestra parte. Ahí podemos probarnos a nosotros mismos cómo es que soltar lo que ya no sirve a nuestra expresión más plena tiene sus grandes recompensas.

Cuando soltamos dejamos que la inteligencia suprema tenga oportunidad de generar los cambios que necesitamos, así que en gran medida, esa es la pepita de oro. Muchos de los retos que tenemos ni siquiera tienen que llegar a una resolución con tanto desgaste, sobre todo de la mente, sino que pueden regenerarse por sí mismos a través de la sencilla pero poderosa herramienta escondida en el acto de soltar, cuando estamos listos y dispuestos para tomarla.




-Antonio Esquinca

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