jueves, 27 de febrero de 2014

Knots, Laing

«No me aprecio a mí mismo.
No puedo apreciar a nadie que me aprecie.
Sólo puedo apreciar al que no me aprecia.

Aprecio a Jack,
porque no me aprecia.

Desprecio a Tom
porque no me desprecia.

Sólo una persona despreciable
puede apreciar a alguien
tan despreciable como yo.

No puedo querer a nadie
a quien yo desprecie.

Como quiero a Jack
no puedo creer que él me quiera.

¿Cómo puede demostrármelo?»

Frase de Hoy!

Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento
-Viktor Frankl

El Arte de Amargarse la Vida - Ilusión de las Alternativas

Un factor eficaz de interferencia en las relaciones consiste en dar al otro sólo dos posibilidades de elección, y, tan pronto como se ha decidido por una, culparle de no haber escogido la otra. En la ciencia de la comunicación, este mecanismo es conocido con el nombre de «ilusión de las alternativas» y su esquema fundamental simple es: si hace A, debería haber hecho B, y si hace B, debería haber hecho A. Un ejemplo muy claro de ello está en los consejos ya citado de Dan Greenburg a las madres judías «Regale a su hijo Marvin dos camisas de deporte. Cuando por primera vez se ponga una de las dos, mírele con tristeza y dígale: ¿No te gusta la otra?»
Psiquiatras y psicólogos no saben explicar por qué todos tendemos a caer en la trampa del mecanismo de las alternativas, cuando, en general, no tenemos problema en rechazar una u otra alternativa individualmente, esto es, cuando nos las presentan por separado. Hay que aprender a aprovechar este hecho de la experiencia, si uno quiere dedicarse a complicar las relaciones.
He aquí unos ejercicios sencillos para principiantes:
1. Pida usted a alguien que le haga un favor. Tan pronto como se disponga a hacerlo, pídale rápidamente que haga algo distinto. Como no podrá hacer las dos cosas a la vez, sino una después de la otra, la victoria ya es de usted: si quiere llevar a cabo la primera que ha empezado, usted puede quejarse de que deja sin atender la segunda, y al revés. Si se enfada por ello, puede usted expresarle su disgusto de que últimamente esté de tan mal humor.
2. Diga o haga usted algo que tanto pueda tomarse en serio como en broma. Después inculpe al otro, según como haya reaccionado, de tomarse en broma las cosas serias o de no tener ningún sentido por el humor.
3. Pida usted a su consorte que lea esta página advirtiéndole que en ella se describe exactamente la actitud que adopta respecto a usted. En el caso poco probable de que le dé la razón, habrá confesado una vez para siempre sus manipulaciones en la relación con usted. En el caso mucho más probable de que rechaze su afirmación, usted también habrá ganado. Es decir, puede demostrarle usted que (con su rechazo) precisamente lo ha hecho otra vez, diciéndole, por ejemplo: «Si acepto tus manipulaciones sin decir nada, me manipulas todavía más; si, como ahora, te llamo la atención, me manipulas afirmando que no me manipulas.»
También resulta útil exigir una serie de aseveraciones graduales de manera que tan pronto se ha afirmado una, se pone en duda en el grado máximo superior. En el libro ya citado de Laing, Knots, se encuentran ejemplos magistrales de ello. Aquí, la palabra «realmente» desempeña un papel decisivo. El siguiente ejemplo está tomado de él:

«¿Me quieres?»
«Sí.»
«¿Realmente?»
«Sí, realmente.»
«Pero ¿realmente realmente?»

miércoles, 26 de febrero de 2014

Represalia (fragmento)

En 1945, Orwell, en calidad de corresponsal de guerra, visitó, entre otras cosas, un campamento para criminales de guerra. Allí fue testigo de como un joven judío de Viena daba una descomunal patada al pie magullado, hinchado y deforme de un preso que había ocupado un cargo importante en el departamento político de la SS. «Sin duda (el agredido) había tenido campos de concentración bajo su mando y
había ordenado torturar y ahorcar. En pocas palabras, él representaba todo aquello que habíamos combatido durante cinco años... »Es absurdo reprochar a un judío alemán o austríaco que devuelva a los nazis el mal sufrido. Sabe el cielo las cuentas que este joven quería ajustar; es muy probable que toda su familia fuese asesinada; y, al fin y al cabo, hasta un fuerte puntapié a un preso es algo insignificante comparado con los horrores cometidos por el régimen de Hitler. Pero esta escena y muchas otras que vi en Alemania pusieron de manifiesto ante mis ojos que toda esta idea de represalias y castigos es una imaginación pueril. Propiamente no existe esto que llamamos represalia o venganza. La venganza es algo que uno quisiera realizar cuando y porque uno se siente impotente: tan pronto como se elimina esta sensación de impotencia, desaparece también el deseo de venganza.

martes, 25 de febrero de 2014

AUTOCUMPLIMIENTO DE LAS PROFECÍAS

En el periódico de hoy, su horóscopo le advierte (y también aproximadamente a 300 millones más que nacieron bajo el mismo signo del Zodíaco) que usted puede tener un accidente. En efecto, a usted le pasa algo. Por tanto, será verdad que la astrología tiene gato encerrado.
O ¿cómo lo ve usted?, ¿está usted seguro de que también le habría ocurrido un accidente, si no hubiese leído el horóscopo?, ¿si usted estuviese realmente convencido de que la astrología es un burlo caso? Naturalmente, esto no puede explicarse a posteriori.
Es interesante la idea del filósofo Karl Popper que dice —simplificando mucho- que la profecía horrenda del oráculo a Edipo se cumplió precisamente porque éste la conocía e intentó esquivarla. Y justo lo que hizo para escaparse de ella, fue lo que llevó al cumplimiento de lo que había dicho el oráculo.
Si ello es así, aquí tendríamos otro efecto de la evitación, es decir, su virtud de atraer en determinadas circunstancias justamente lo que pretende evitarse. ¿Qué circunstancias son éstas? Primero, una predicción en el sentido más amplio: cualquier expectación, temor, convicción o simple sospecha de que las cosas evolucionarán en este sentido y no en otro. Hay que añadir que dicha expectación puede ser desencadenada tanto desde fuera, por ejemplo, por personas ajenas, como por algún convencimiento interno. Segundo, la expectación no ha de verse como expectación sino como realidad inminente contra la que hay que tomar enseguida unas medidas para evitarla. Tercero, la sospecha es tanto más convincente cuanto más personas la compartan o cuanto menos contradiga otras sospechas que el curso de los acontecimientos ha ido demostrando.
Así, por ejemplo, basta la sospecha -con o sin fundamento, no tiene importancia- de que los otros cuchichean o se burlan en secreto de uno. Ante este «hecho», el sentido común sugiere no fiarse de los otros. Y como, naturalmente, todo sucede detrás de un velo tenue de disimulo, se aconseja afinar la atención y tomar en cuenta hasta los indicios más insignificantes. Sólo hace falta esperar un poco y pronto puede uno sorprender a los otros cuchicheando y disimulando sus risas, guiñando el ojo e intercambiando signos conspiradores. La profecía se ha cumplido. De todos modos, este mecanismo funciona realmente sin fallos, si usted no ajusta las cuentas consigo mismo de la contribución que usted haya aportado al caso.
Además, una vez que el mecanismo se ha puesto en marcha, ya no se puede comprobar más ni tiene interés alguno averiguar qué fue lo primero: si su conducta desconfiada fue la que provocó las risas de los otros o si las risas de los otros le hicieron a usted desconfiado.
Las profecías autocumplidas crean una determinada realidad casi como por magia y de aquí viene su importancia para nuestro tema. No sólo ocupan un lugar fijo de preferencia en el repertorio de cualquier aspirante a la vida amargada, sino también en ámbitos sociales de más envergadura. Si, por ejemplo, se impide a una minoría el acceso a ciertas fuentes de ingresos (pongamos, por caso, a la agricultura o a cualquier oficio manual), porque, en opinión de la mayoría, es gente holgazana, codiciosa o sobre todo «no integrada», entonces se les obliga a que se dediquen a ropavejeros, contrabandistas, prestamistas y otras ocupaciones parecidas, lo que, «naturalmente», confirma la opinión desdeñosa de la mayoría. Cuanto más señales de stop ponga la policía, más transgresores habrá del código de circulación, lo que «obliga» a poner más señales de stop. Cuanto más una nación se siente amenazada por la nación vecina, más aumentará su potencial bélico, y la nación vecina, a su vez, considerará urgente armarse más. Entonces el estallido de la guerra (que ya se espera) es sólo cuestión de tiempo. Cuanto más alta es la tasa de impuestos en un país, para compensar así los defraudes de los contribuyentes, que, naturalmente, ya se supone de antemano no van a ser sinceros, más ocasión se da a que también los ciudadanos honestos hagan trampa. Si un número suficiente de personas cree un pronóstico que dice que una mercancía determinada va a escasear o a aumentar de precio (tanto si «de hecho» es verdad como si no lo es), vendrán compras de acaparamiento, lo que hará que la mercancía escasee o aumente de precio. La profecía de un suceso lleva al suceso de la profecía. La única condición es que uno se profetice o deje profetizar y que luego lo considere un hecho con consistencia propia, independiente de uno mismo o inminente. De este modo se llega exactamente allí donde uno no quería llegar.

Creando mi realidad

Una solterona vive a la orilla de un río y se queja a la policía de que unos jovenzuelos se bañan desnudos delante de su casa. El inspector manda a un subalterno que diga a los chicos que no se bañen delante de la casa, sino río arriba donde ya no hay casas. Al cabo de unos días, la dama llama de nuevo por teléfono: los jóvenes nadan todavía al alcance de la vista. El policía vuelve y los manda más arriba. Unos días después, la señora indignada acude otra vez al inspector y se queja: «Desde la ventana del desván todavía puedo verlos con unos prismáticos.»
Uno puede preguntarse: ¿Qué hará la dama, cuando finalmente ya no pueda ver a los chicos desde su casa? Tal vez dará un paseo río arriba, o tal vez le baste la seguridad de que en alguna parte hay quien se baña desnudo. Lo cierto es que seguirá dando vueltas a la idea. Y lo más importante en una idea fija es que es capaz de crear su propia realidad.

LOS GUISANTES EN LA MANO

En su lecho de muerte, una mujer joven hace jurar al marido que no se comprometerá con ninguna otra mujer. «Si faltas a tu promesa, vendré en espíritu y no te dejaré vivir tranquilo.» El marido, al principio, mantiene su palabra, pero, al cabo de unos meses, conoce a otra mujer y se enamora de ella.
Muy pronto empieza a aparecérsele un espíritu cada noche que le acusa de haber faltado a su juramento. Para el hombre no hay duda de que se trata de un espíritu, pues el fantasma nocturno no sólo está informado de todo lo que pasa cada día entre él y su nueva amiga, sino que también conoce exactamente sus pensamientos, esperanzas y sentimientos. Como la situación se le hace insoportable, el hombre decide ir a pedir consejo a un maestro de zen. «Vuestra primera mujer se ha convertido en espíritu y sabe todo lo que vos hacéis», le declara el maestro. «Todo lo que vos hacéis o decís, todo lo que dais a vuestra prometida, él lo sabe. Tiene que ser un espíritu muy sabio. En verdad, tendríais que admiraros de un tal espíritu. Cuando se os aparezca de nuevo, haced un trato con él. Decidle que sabe tanto que vos no le podéis ocultar nada y que vais a romper vuestro compromiso, si puede contestaros a una sola pregunta.»
«¿Qué pregunta he de hacerle?», dice el hombre. El maestro responde: «Tomad un buen puñado de guisantes y preguntadle por el número exacto de guisantes que tenéis en la mano. Si no os sabe responder, sabréis que el espíritu no es más que un producto de vuestra imaginación y ya no os molestará más.»
Cuando a la noche siguiente apareció el espíritu de la mujer, el hombre lo aduló diciéndole que lo sabía todo. «Efectivamente», respondió el espíritu, «y sé que hoy has ido a ver al maestro zen». «Y ya que sabes tanto», prosiguió el hombre, «dime cuántos guisantes tengo en la mano».
Y ya no hubo espíritu alguno para responder a esta pregunta.

La Historia del Martillo

Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir «buenos días», nuestro hombre le grita furioso: «¡Quédese usted con su martillo, sopenco!»

lunes, 24 de febrero de 2014

Frase de hoy!

Así como hay cosas que pasan por algo,
Hay cosas que ...
por algo no pasan!

domingo, 23 de febrero de 2014

Libertad

"Ser personalmente libre significa no reconocer ninguna verdad que no haya sido aceptada por la propia conciencia".
-Mijail Bakunin

Fragmento de... Te presento a Laura

Porque todos estamos aquí de paso
¿Para qué?
Para aceptarnos,
Escribir tu propia historia,
Para conseguir algo que siempre habías soñado,
Para ayudar,
Dar la oportunidad de volver a empezar
incluso a quien menos lo espera.
Para hacer una lista de cosas que quieres cumplir,
Para cumplirlas,
Para arriesgarte sabiendo que se puede perder,
pero también que se puede ganar.
No sé si estamos aquí para ser felices,
pero definitivamente
estamos aquí para vivir.

Cómo curar un corazón roto

"Hice lo mejor que pude con los recursos que tenía y las circunstancias a mi alrededor; hoy lo haría mejor por que he crecido."

La separación de un ser querido nos obliga a confrontar el verdadero significado de la vida y debemos buscar el ser felices. Parecerá insoportablemente doloroso, pero también es una oportunidad para conocernos más a nosotros mismos.

Recordemos a la persona en forma realista, con defectos y virtudes; no idealicemos ni caigamos en melancolía añorando todo tiempo pasado. Necesitamos hablar, llorar, enojarnos y reír durante esta época de dolor y angustia.

En la vida siempre podemos elegir nuestra postura frente a las cosas y debemos poder ser dueños de nuestros pensamientos y no presas de ellos.

La felicidad es una decisión que tiene más que ver conmigo que con lo que pasa en mi vida. La verdadera felicidad es "a pesar de..." y no "gracias a...". Para poder ser feliz se debe aprender a negociar, es decir, a renunciar a un pedacito de lo que deseamos. Nos frustramos por que las cosas no salieron como hubiéramos querido, pero entendemos que la frustración es el comienzo del aprendizaje.

Solo se puede aprender a través del error. Si algo haces bien desde la primera vez no aprendiste nada, ya lo sabias. Así pues, no seas severo contigo mismo, ten paciencia. El camino de la aceptación y la paz interior esta lleno de reveses, de curvas y pendientes. No es fácil llegar a él, tal vez por eso se valora tanto cuando se alcanza.

Por dura que haya sido la experiencia, por costoso que haya resultado el error, es siempre posible volver a empezar.

Ser responsables y felices es decidirnos a encarar nuestra vida con absoluto protagonismo, entendiendo los hechos de nuestra vida como una consecuencia deseada o indeseable de alguna de algunas de nuestras decisiones. Responsabilidad es asumir el costo de dichas decisiones.

No hay formulas mágicas para sobreponerse rápidamente y sin dolor a una pérdida. El dolor tiene un sentido y tratar de encontrárselo es uno de los grandes retos de la vida.

En nosotros está el tomar las cosas como tragedias o lecciones, siempre tenemos la opción de conservar el aprendizaje y soltar la anécdota y el enojo o bien no hacerlo y asumir las consecuencias.

En lugar de cuestionarnos siempre "¿por qué a mi?", debemos preguntarnos: "¿Y por qué a mi no habría de pasarme?".

sábado, 22 de febrero de 2014

Llorar

"No llores", solemos decir cuando en verdad la frase debería ser: "Llora todo lo que necesites, yo estaré a tu lado y no te sentirás solo". Cuando le pedimos a alguien que no llore no significa que llorar le haga daño, quiere decir que nosotros no sabemos qué hacer con sus lágrimas.

La vida a veces nos pide perder, soltar, dejar ir, y es solo cuando nos quedamos con las manos abiertas y vacías que podremos recibir de nuevo. Nadie puede aplaudir o acariciar con los puños cerrados.

De como vivas tu duelo dependerá tu salud física y mental. Todos llevamos en el cuerpo un mapa emocional de nuestra historia.

Asumimos lo que nos pasa como tragedias y no pensamos que pudiera haber sido peor. La verdad es que las cosas son como son y entre más pronto las aceptemos nos ahorraremos mucho sufrimiento innecesario.

Duelo

Déjame que te preste mis ojos para que te veas
y veas las cosas a través de ellos,
y no con los lentes oscuros que ahora
tú traes puestos.
Vamos juntos en la lancha, tú remas
y yo te alumbro el camino.

viernes, 21 de febrero de 2014

La mujer de Lot

Otra ventaja de aferrarse al pasado está en que no deja tiempo de ocuparse del presente. Si esto se hiciese, podría suceder muy bien que uno, por pura casualidad, en un viraje de 90 o hasta 180 grados de su ángulo visual, tuviese que comprobar que el presente no sólo le ofrece contrariedades suplementarias, sino también alguna que otra contra-contrariedad; no hablemos de muchas novedades que podrían hacer tambalear nuestro pesimismo adoptado una vez para siempre. En este punto, contemplamos con admiración a nuestra maestra ejemplar de la Biblia, la mujer de Lot —usted lo recuerda, ¿verdad?—. El ángel dijo a Lot y a su familia: «Escapa, por tu vida. No mires atrás, ni te detengas en toda la llanura...» Pero su mujer «miró atrás y se convirtió en estatua de sal» (Gen. 19, 17.26).

Frase :)

Las cosas pasan como tienen que pasar no como yo quisiera que pasaran. Hay un orden!!

Loving what is

Everything happens for me, not to me.

Forgiveness

Forgiveness is realizing that what you thought happened didn’t.

Loving what is

How do I know that I don’t need what I want? I don’t have it.

jueves, 20 de febrero de 2014

Phrases -_-

Reality is always kinder than the story we are believing about it.

Phrases /:

If I think you’re my problem, I’m insane.

More Phrases

If I had a prayer, it would be this: “God spare me from the desire for love, approval, or appreciation. Amen.”

Victim

As long as you think that the cause of your problem is “out there”—as long as you think that anyone or anything else is responsible for your suffering—the situation is hopeless. It means that you are forever in the role of the victim, that you’re suffering in paradise. So bring the truth home to yourself and begin to set yourself free. It’s no longer necessary to wait for people or situations to change in order to experience peace and harmony.

Happiness

Happiness is the natural state for someone who knows that there’s nothing to know and that we already have everything we need, right here now.

Thoughts

Thoughts are like the breeze or the leaves on the trees or the raindrops falling. They appear like that, and through inquiry we can make friends with them. Would you argue with a raindrop? Raindrops aren’t personal, and neither are thoughts. Once a painful concept is met with understanding, the next time it appears you may find it interesting. What used to be the nightmare is now just interesting. The next time it appears, you may find it funny. The next time, you may not even notice it. This is the power of loving what is.

My Business

Much of our stress comes from mentally living out of our own business.
When I think, “You need to get a job, I want you to be happy, you should be on time, you need to take better care of yourself,” I am in your business. When I’m worried about earthquakes, floods, war, or when I will die, I am in God’s business. If I am mentally in your business or in God’s business, the effect is separation. I noticed this early in 1986. When I mentally went into my mother’s business, for example, with a thought like “My mother should understand me,” I immediately experienced a feeling of loneliness. And I realized that every time in my life that I had felt hurt or lonely, I had been in someone else’s business.
If you are living your life and I am mentally living your life, who is here living mine? We’re both over there. Being mentally in your business keeps me from being present in my own. I am separate from myself, wondering why my life doesn’t work.
To think that I know what’s best for anyone else is to be out of my business. Even in the name of love, it is pure arrogance, and the result is tension, anxiety, and fear. Do I know what’s right for me? That is my only business. Let me work with that before I try to solve your problems for you.
If you understand the three kinds of business enough to stay in your own business, it could free your life in a way that you can’t even imagine. The next time you’re feeling stress or discomfort, ask yourself whose business you’re in mentally, and you may burst out laughing. That question can bring you back to yourself. And you may come to see that you’ve never really been present, that you’ve been mentally living in other people’s business all your life. Just to notice that you’re in someone else’s business can bring you back to your own wonderful self.

Loving What Is

I am a lover of what is, not because I’m a spiritual person, but because it hurts when I argue with reality. We can know that reality is good just as it is, because when we argue with it, we experience tension and frustration. We don’t feel natural or balanced. When we stop opposing reality, action becomes simple,
fluid, kind, and fearless.

miércoles, 19 de febrero de 2014

ABC del Amor


J.L. Borges

"Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad."
(J.L. Borges)

AMARSE CON LOS OJOS ABIERTOS


Quizás la expectativa de felicidad instantánea que solemos endilgarle al vínculo de pareja, este deseo de exultancia, se deba a un estiramiento ilusorio del instante de enamoramiento. Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro en su totalidad, sino que el otro funciona como una pantalla donde el enamorado proyecta sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anclados a la percepción de la realidad externa. La construcción del amor empieza cuando puedo ver al que tengo enfrente, cuando descubro al otro. Es allí cuando el amor reemplaza al enamoramiento.

Pasado ese momento inicial comienzan a salir a la luz las peores partes mías que también proyecto en él. Amar a alguien es el desafío de deshacer aquellas proyecciones para relacionarse verdaderamente con el otro. Este proceso no es fácil, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Hablamos del amor en el sentido de "que nos importa el bienestar del otro". Nada más y nada menos. El amor como el bienestar que invade cuerpo y alma y que se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo. Más importante que la manera de ser del otro, importa el bienestar que siento a su lado y su bienestar al lado mío. El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace al amor. Una pareja es más que una decisión, es algo que ocurre cuando nos sentimos unidos a otro de una manera diferente. Podría decir que desde el placer de estar con otro tomamos la decisión de compartir gran parte de nuestra vida con esa persona y descubrimos el gusto de estar juntos. Aunque es necesario saber que encontrar un compañero de ruta no es suficiente; también hace falta que esa persona sea capaz de nutrirnos, como ya dijimos, que de hecho sea una eficaz ayuda en nuestro crecimiento personal.

Welwood dice que el verdadero amor existe cuando amamos por lo que sabemos que esa persona puede llegar a ser, no solo por lo que es. "El enamoramiento es más bien una relación en la cual la otra persona no es en realidad reconocida como verdaderamente otra, sino más bien sentida e interpretada como si fuera un doble de uno mismo, quizás en la versión masculina y eventualmente dotada de rasgos que corresponden a la imagen idealizada de lo que uno quisiera ser. En el enamoramiento hay un yo me amo al verme reflejado en vos." Mauricio Abadi.

Enamorarse es amar las coincidencias, y amar es enamorarse de las diferencias. 

AUTODEPENDENCIA



"Me acuerdo siempre de esta escena: Mi primo, mucho más chico que yo, tenía tres años. Yo tenía uno doce...Estábamos en el comedor diario de la casa de mi abuela. Mi primito vino corriendo y se llevó la mesa ratona por delante. Cayó sentado de culo en el piso llorando. Se había dado un golpe fuerte y poco después un bultito del tamaño de un carozo de durazno le apareció en la frente. Mi tía que estaba en la habitación corrió a abrazarlo y mientras me pedía que trajera hielo le decía a mi primo: Pobrecito, mala la mesa que te pegó, chas chas a la mesa..., mientras le daba palmadas al mueble invitando a mi pobre primo a que la imitara... Y yo pensaba: ¿...? ¿Cuál es la enseñanza? La responsabilidad no es tuya que sos un torpe, que tenés tres años y que no mirás por dónde caminás; la culpa es de la mesa. La mesa es mala. Yo intentaba entender más o menos sorprendido el mensaje oculto de la mala intencionalidad de los objetos. Y mi tía insistía para que mi primo le pegara a la mesa...
Me parece gracioso como símbolo, pero como aprendizaje me parece siniestro: vos nunca sos responsable de lo que hiciste, la culpa siempre la tiene el otro, la culpa es del afuera, vos no, es el otro el que tiene que dejar de estar en tu camino para que vos no te golpees...
Tuve que recorrer un largo trecho para apartarme de los mensajes de las tías del mundo.
Es mi responsabilidad apartarme de lo que me daña. Es mi responsabilidad defenderme de los que me hacen daño. Es mi responsabilidad hacerme cargo de lo que me pasa y saber mi cuota de participación en los hechos. Tengo que darme cuenta de la influencia que tiene cada cosa que hago. Para que las cosas que me pasan me pasen, yo tengo que hacer lo que hago. Y no digo que puedo manejar todo lo que me pasa sino que soy responsable de lo que me pasa porque en algo, aunque sea pequeño, he colaborado para que suceda. Yo no puedo controlar la actitud de todos a mi alrededor pero puedo controlar la mía. Puedo actuar libremente con lo que hago. Tendré que decidir qué hago. Con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Y tendré que actuar de esa mejor manera. Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que esta es mi decisión. Y tendré, entonces, algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje. Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio. Tendré que ser libre aunque a vos no te guste. Y si no vas a quererme así como soy; y si te vas a ir de mi lado, así como soy; y si en la noche más larga y más fría del invierno me vas a dejar solo y te vas a ir... cerrá la puerta, ¿viste? porque entra viento. Cerrá la puerta. Si esa es tu decisión, cerrá la puerta. No voy a pedirte que te quedes un minuto más de lo que vos quieras. Te digo: cerrá la puerta porque yo me quedo y hace frío. Y esta va a ser mi decisión. Esto me transforma en una especie de ser inmanejable. Porque los autodependientes son inmanejables. Porque a un autodependiente solamente lo manejas si él quiere. Esto significa un paso muy adelante en tu historia y en tu desarrollo, una manera diferente de vivir el mundo y probablemente signifique empezar a conocer un poco más a quien está a tu lado. Si sos autodependiente, de verdad, es probable que algunas personas de las que están a tu lado se vayan... Quizás algunos no quieran quedarse. Bueno, habrá que pagar ese precio también. Habrá que pagar el precio de soportar las partidas de algunos a mi alrededor y prepararse para festejar la llegada de otros (Quizás...)" 

LA TRISTEZA Y LA FURIA


En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta... En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.
Había una vez... un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.
Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.
La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...
Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...
Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza... Y así vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

martes, 18 de febrero de 2014

Phrases (=

Love your enemies, 
It pisses them off

Phrases =)

No matters what life bring you, 
always take a lesson from your dog...
Kick some dirt over that shit and move on.

Phrases u_u

Every time someones says "Expect the Unexpected" 
The best course of action is to test that quote
by punching them in the face...

Phrases ( ;

"When life gives you melons, you might be dyslexic"

Phrases!

At the end of the day, life should ask you: 
"Do you want to save the changes?"

lunes, 17 de febrero de 2014

Elijo y me hago responsable de lo que elijo

Cuando avalo mis actitudes en una orden de mis padres, en una imposición moral, en un concepto social o en un precepto religioso, no me estoy haciendo responsable de lo que hago ("Después de todo -me miento- el que obedece nunca se equivoca").
En cambio, cuando soy un adulto, cuando soy yo mismo, cuando no me engaño, puedo seguir teniendo padres, moral, sociedad y religión, pero no necesito explicar ni refugiarme en ellos.
Elijo y me hago responsable de lo que elijo.


Quiero que...

Quiero que me oigas sin juzgarme
Quiero que opines sin aconsejarme
Quiero que confíes en mi sin exigirme
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides sin anularme
Quiero que me mires sin proyectar cosas en mi
Quiero que me abraces sin asfixiarme
Quiero que me animes sin empujarme
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mi
Quiero que me protejas sin mentiras
Quiero que te acerques sin invadirme
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten
Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas
Quiero que sepas que hoy cuentas conmigo... Sin condiciones

Falling Slowly

Falling Slowly


I don't know you but I want you
All the more for that
Words fall through me and always fool me
And I can't react

And games that never amount
To more than they're meant
Will play themselves out

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You make it now

Falling slowly, eyes that know me
And I can't go back
The moods that take me and erase me
And I'm painted black

Well, you have suffered enough
And warred with yourself
It's time that you won

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice, you have a choice
You've made it now

Falling slowly sing your melody
I'll sing it now


HANSARD, GLEN 

viernes, 14 de febrero de 2014

Cien Años de Soledad (fragmento)

En marzo volvieron los gitanos. Esta vez llevaban un catalejo y una lupa del tamaño de un tambor, que exhibieron como el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa. Mediante el pago de cinco reales, la gente se asomaba al catalejo y veía a la gitana al alcance de su mano. <La ciencia ha eliminado las distancias>, pregonaba Melquíades. <Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa.>

Cien Años de Soledad, Gabriel Garcia Marquez

TE DESEO LO SUFICIENTE

TE DESEO LO SUFICIENTE

Hace poco tiempo cuando estaba en el aeropuerto escuché por casualidad a una madre e hija que se
estaban despidiendo. Cuando anunciaron la partida del vuelo ellas se abrazaron y la madre dijo:

- "Te amo y te deseo lo suficiente".

La hija respondió:

- "Madre, nuestra vida juntas ha sido más que suficiente. Tu amor es todo lo que he necesitado.
También te deseo lo suficiente". Ellas se saludaron con un beso y la hija partió.

La madre pasó muy cerca de donde yo estaba sentada y noté que ella necesitaba llorar.

Traté de no observarla para no invadir su privacidad, pero ella se dirigió hacia mí y me preguntó:

- "Alguna vez se ha despedido de alguien sabiendo que era para siempre?".

- Sí, lo he hecho - respondí. Perdón por preguntar - contesté -, pero ¿por qué esta despedida es para
siempre?

- Yo soy una mujer vieja y ella vive muy lejos de aquí. La realidad es que su próximo viaje será para mi
funeral, dijo.

- Cuando se despidió de ella escuché que le dijo "te deseo lo suficiente". ¿A qué se refiere?

Comenzó a sonreír. Eso es un deseo que hemos transmitido de generación en generación. Mis padres
solían decirlo. Ella hizo una pausa y miró hacia arriba como si tratara de recordarlo en detalle, luego
sonrió aún más.

- Cuando decimos "Te deseo lo suficiente", deseamos que la otra persona tenga una vida llena de sólo lo suficientemente bueno para vivir.

Entonces, dirigiéndose hacia mí, ella compartió lo siguiente como si lo estuviera recitando de memoria:

"Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante",

"Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol" ,

"Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva"

"Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes"

"Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades"

"Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees."

"Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas".

Luego ella comenzó a llorar y se alejó.

Se dice que toma un minuto encontrar a una persona especial, una hora en apreciarla, un día para amarla, pero una vida para olvidarla.

Toma el tiempo necesario para vivir. A todos mis amigos y seres queridos,

LES DESEO LO SUFICIENTE!!!

DESCONOCIDO

jueves, 13 de febrero de 2014

El Principito, XXVII


Ahora hace ya seis años de esto. Jamás he contado esta historia y los compañeros que me vuelven a ver se alegran de encontrarme vivo. Estaba triste, pero yo les decía: "Es el cansancio". Al correr del tiempo me he consolado un poco, pero no completamente. Sé que ha vuelto a su planeta, pues al amanecer no encontré su cuerpo, que no era en realidad tan pesado... Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas, que suenan como quinientos millones de cascabeles... Pero sucede algo extraordinario. Al bozal que dibujé para el principito se me olvidó añadirle la correa de cuero; no habrá podido atárselo al cordero. Entonces me pregunto: "¿Qué habrá sucedido en su planeta? Quizás el cordero se ha comido la flor..." A veces me digo: "¡Seguro que no! El principito cubre la flor con su fanal todas las noches y vigila a su cordero". Entonces me siento dichoso y todas las estrellas ríen dulcemente. Pero otras veces pienso: "Alguna que otra vez se distrae uno y eso basta. Si una noche ha olvidado poner el fanal o el cordero ha salido sin hacer ruido, durante la noche...". Y entonces los cascabeles se convierten en lágrimas... Y ahí está el gran misterio. Para ustedes que quieren al principito, lo mismo que para mí, nada en el universo habrá cambiado si en cualquier parte, quien sabe dónde, un cordero desconocido se ha comido o no se ha comido una rosa... Pero miren al cielo y pregúntense: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia... ¡Ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto sea verdaderamente importante! Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego. Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste!

El Principito, XXVI


Al lado del pozo había una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oí que hablaba. —¿No te acuerdas? ¡No es aquí con exactitud! Alguien le respondió sin duda, porque él replicó: —¡Sí, sí; es el día, pero no es este el lugar!  Proseguí mi marcha hacia el muro, pero no veía ni oía a nadie. Y sin embargo, el principito replicó de nuevo. —¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allí estaré yo esta noche. Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada. El principito, después de un silencio, dijo aún: —¿Tienes un buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho? Me detuve con el corazón oprimido, siempre sin comprender. —¡Ahora vete —dijo el principito—, quiero volver a bajarme! Dirigí la mirada hacia el pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente de esas amarillas que matan a una persona en menos de treinta segundos, se erguía en dirección al principito. Echando mano al bolsillo para sacar mi revólver, apreté el paso, pero, al ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena como un surtidor que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un ligero ruido metálico. Llegué junto al muro a tiempo de recibir en mis brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve.  —¿Pero qué historia es ésta? ¿De charla también con las serpientes?  Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a hacerle pregunta alguna. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí latir su corazón, como el de un pajarillo que muere a tiros de carabina.  —Me alegra —dijo el principito— que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Así podrás volver a tu tierra... —¿Cómo lo sabes?  Precisamente venía a comunicarle que, a pesar de que no lo esperaba, había logrado terminar mi trabajo.
No respondió a mi pregunta, sino que añadió:  —También yo vuelvo hoy a mi planeta... Luego, con melancolía: —Es mucho más lejos... y más difícil... Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como sí fuera un niño pequeño, y no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo. Su mirada, seria, estaba perdida en la lejanía. —Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo también el bozal. Y sonreía melancólicamente. Esperé un buen rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco: —Has tenido miedo, muchachito... Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura: —Esta noche voy a tener más miedo... Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto. —Muchachito, quiero oír otra vez tu risa... Pero él me dijo: —Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado... —¿No es cierto —le interrumpí— que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla? Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo: —Lo más importante nunca se ve... —Indudablemente... —Es lo mismo que la flor. Si te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas han florecido. —Es indudable... —Es como el agua. La que me diste a beber, gracias a la roldana y la cuerda, era como una música ¿te acuerdas? ¡Qué buena era!  —Sí, cierto... —Por la noche mirarás las estrellas; mi casa es demasiado pequeña para que yo pueda señalarte dónde se encuentra. Así es mejor; mi estrella será para ti una cualquiera de ellas. Te gustará entonces mirar todas las estrellas. Todas ellas serán tus amigas. Y además, te haré un regalo... Y rió una vez más.  —¡Ah, muchachito, muchachito, cómo me gusta oír tu risa!  —Mi regalo será ése precisamente, será como el agua...  —¿Qué quieres decir? La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecitas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...
—¿Qué quieres decir? —Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír! Y rió nuevamente. —Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada... Y se rió otra vez. —Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír... Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio. —Esta noche ¿sabes? no vengas... —No te dejaré. —Pareceré enfermo... Parecerá un poco que me muero... es así. ¡No vale la pena que vengas a ver eso...! —No te dejaré. Pero estaba preocupado. —Te digo esto por la serpiente; no debe morderte. Las serpientes son malas. A veces muerden por gusto... —He dicho que no te dejaré. Pero algo lo tranquilizó. —Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura... Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente: —¡Ah, estás ahí! Me cogió de la mano y todavía se atormentó:  —Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad. Yo me callaba. —¿Comprendes? Es demasiado lejos y no puedo llevar este cuerpo que pesa demasiado. Seguí callado. —Será como una corteza vieja que se abandona. No son nada tristes las viejas cortezas... Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo: —Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana herrumbrosa. Todas las estrellas me darán de beber. Yo me callaba. —¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes... El principito se calló también; estaba llorando. —Es allí; déjame ir solo. Se sentó porque tenía miedo. Dijo aún:
—¿Sabes?... mi flor... soy responsable... ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas para defenderse contra todo el mundo... Me senté, ya no podía mantenerme en pie. —Ahí está... eso es todo... Vaciló todavía un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo no pude moverme. Un relámpago amarillo centelleó en su tobillo. Quedó un instante inmóvil, sin exhalar un grito. Luego cayó lentamente como cae un árbol, sin hacer el menor ruido a causa de la arena. 

El Principito, XXV

 

—Los hombres —dijo el principito— se meten en los rápidos pero no saben dónde van ni lo que quieren. . . Entonces se agitan y dan vueltas...  Y añadió: —¡No vale la pena!... El pozo que habíamos encontrado no se parecía en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que teníamos ante nosotros parecía el pozo de un pueblo; pero por allí no había ningún pueblo y me parecía estar soñando. —¡Es extraño! —le dije al principito—. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda... Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho. —¿Oyes? —dijo el principito—. Hemos despertado al pozo y canta. No quería que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije: —Déjame a mí, es demasiado pesado para ti.
Lentamente subí el cubo hasta el brocal donde lo dejé bien seguro. En mis oídos sonaba aún el canto de la roldana y veía temblar al sol en el agua agitada. —Tengo sed de esta agua —dijo el principito—, dame de beber... ¡Comprendí entonces lo que él había buscado! Levanté el balde hasta sus labios y el principito bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón. Cuando yo era niño, las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, daban su resplandor a mi regalo de Navidad. —Los hombres de tu tierra —dijo el principito— cultivan cinco mil rosas en un jardín y no encuentran lo que buscan. —No lo encuentran nunca —le respondí. —Y sin embargo, lo que buscan podrían encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua... —Sin duda, respondí. Y el principito añadió: —Pero los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón. Yo había bebido y me encontraba bien. La arena, al alba, era color de miel, del que gozaba hasta sentirme dichoso. ¿Por qué había de sentirme triste? —Es necesario que cumplas tu promesa —dijo dulcemente el principito que nuevamente se había sentado junto a mí. —¿Qué promesa? —Ya sabes... el bozal para mi cordero... soy responsable de mi flor. Saqué del bolsillo mis esbozos de dibujo. El principito los miró y dijo riendo: —Tus baobabs parecen repollos... —¡Oh! ¡Y yo que estaba tan orgulloso de mis baobabs! —Tu zorro tiene orejas que parecen cuernos; son demasiado largas. Y volvió a reír. —Eres injusto, muchachito; yo no sabía dibujar más que boas cerradas y boas abiertas. —¡Oh, todo se arreglará! —dijo el principito—. Los niños entienden. Bosquejé, pues, un bozal y se lo alargué con el corazón oprimido: —Tú tienes proyectos que yo ignoro...  Pero no me respondió. —¿Sabes? —me dijo—. Mañana hace un año de mi caída en la Tierra... Y después de un silencio, añadió: —Caí muy cerca de aquí... El principito se sonrojó y nuevamente, sin comprender por qué, experimenté una extraña tristeza. Sin embargo, se me ocurrió preguntar: —Entonces no te encontré por azar hace ocho días, cuando paseabas por estos lugares, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. ¿Es que volvías al punto de tu caída? El principito enrojeció nuevamente. Y añadí vacilante.
—¿Quizás por el aniversario? El principito se ruborizó una vez más. Aunque nunca respondía a las preguntas, su rubor significaba una respuesta afirmativa. —¡Ah! —le dije— tengo miedo. Pero él me respondió:  —Tú debes trabajar ahora; vuelve, pues, junto a tu máquina, que yo te espero aquí. Vuelve mañana por la tarde. Pero yo no estaba tranquilo y me acordaba del zorro. Si se deja uno domesticar, se expone a llorar un poco...  

The little Princes


El Principito (fragmento)

—Nunca se siente uno contento donde está —respondió el guardavía. 

El Principito, XXI


Entonces apareció el zorro: —¡Buenos días! —dijo el zorro. —¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada. —Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz. —¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres! —Soy un zorro —dijo el zorro. —Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste! —No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado. —¡Ah, perdón! —dijo el principito. Pero después de una breve refl exión, añadió: —¿Qué significa "domesticar"? —Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas? —Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"? —Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas? —No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito. —Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... " —¿Crear vínculos? —Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo... —Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado... —Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas. —¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito. El zorro pareció intrigado:  —¿En otro planeta? —Sí. —¿Hay cazadores en ese planeta? —No. —¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
—No. —Nada es perfecto —suspiró el zorro.  Y después volviendo a su idea: —Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo. El zorro se calló y miró un buen rato al principito: —Por favor... domestícame —le dijo.  —Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas. —Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame! —¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.  —Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca... El principito volvió al día siguiente. —Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios. —¿Qué es un rito? —inquirió el principito. —Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones. De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida: —¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré. —Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique... —Ciertamente —dijo el zorro. —¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.  —¡Seguro! —No ganas nada. —Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo. Y luego añadió:
—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto. El principito se fue a ver las rosas a las que dijo: —No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles: —Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin. Y volvió con el zorro. —Adiós —le dijo. —Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. —Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse. —Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella. —Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo. —Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa... —Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo. 

El Principito, IX


Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión. La mañana de la partida, puso en orden el planeta. Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad, de los cuales poseía dos, que le eran muy útiles para calentar el desayuno todas las mañanas. Tenía, además, un volcán extinguido. Deshollinó también el volcán extinguido, pues, como él decía, nunca se sabe lo que puede ocurrir. Si los volcanes están bien deshollinados, arden sus erupciones, lenta y regularmente. Las erupciones volcánicas son como el fuego de nuestras chimeneas. Es evidente que en nuestra Tierra no hay posibilidad de deshollinar los volcanes; los hombres somos demasiado pequeños. Por eso nos dan tantos disgustos. El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar. —Adiós —le dijo a la flor. Esta no respondió. —Adiós —repitió el principito. La flor tosió, pero no porque estuviera resfriada. —He sido una tonta —le dijo al fin la flor—. Perdóname. Procura ser feliz. Se sorprendió por la ausencia de reproches y quedó desconcertado, con el fanal en el aire, no comprendiendo esta tranquila mansedumbre. —Sí, yo te quiero —le dijo la flor—, ha sido culpa mía que tú no lo sepas; pero eso no tiene importancia. Y tú has sido tan tonto como yo. Trata de ser feliz. . . Y suelta de una vez ese fanal; ya no lo quiero. —Pero el viento... —No estoy tan resfriada como para... El aire fresco de la noche me hará bien. Soy una flor. —Y los animales...
—Será necesario que soporte dos o tres orugas, si quiero conocer las mariposas; creo que son muy hermosas. Si no ¿quién vendrá a visitarme? Tú estarás muy lejos. En cuanto a las fieras, no las temo: yo tengo mis garras. Y le mostraba ingenuamente sus cuatro espinas. Luego añadió: —Y no prolongues más tu despedida. Puesto que has decidido partir, vete de una vez. La flor no quería que la viese llorar: era tan orgullosa...  

El Principito (fragmento)

“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla". 

El Principito, Capitulo IV


De esta manera supe una segunda cosa muy importante: su planeta de origen era apenas más grande que una casa. Esto no podía asombrarme mucho. Sabía muy bien que aparte de los grandes planetas como la Tierra, Júpiter, Marte, Venus, a los cuales se les ha dado nombre, existen otros centenares de ellos tan pequeños a veces, que es difícil distinguirlos aun con la ayuda del telescopio. Cuando un astrónomo descubre uno de estos planetas, le da por nombre un número. Le llama, por ejemplo, "el asteroide 3251". Tengo poderosas razones para creer que el planeta del cual venía el principito era el asteroide B 612. Este asteroide ha sido visto sólo una vez con el telescopio en 1909, por un astrónomo turco. Este astrónomo hizo una gran demostración de su descubrimiento en un congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas mayores son así. Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco impuso a su pueblo, bajo pena de muerte, el vestido a la europea. Entonces el astrónomo volvió a dar cuenta de su descubrimiento en 1920 y como lucía un traje muy elegante, todo el mundo aceptó su demostración. Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: "¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?" Pero en cambio preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?" Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: "He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: "He visto una casa que vale cien mil pesos". Entonces exclaman entusiasmados: "¡Oh, qué preciosa es!" De tal manera, si les decimos: "La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe", las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: "el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612", quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores. Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números. A mí me habría gustado más comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría gustado decir: "Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…" Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real. Porque no me gusta que mi libro sea tomado a la ligera. Siento tanta pena al contar estos recuerdos. Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí es sólo con el fin de no olvidarlo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que sólo se interesan por las cifras. Para evitar esto he comprado una caja de lápices de colores. ¡Es muy duro, a mi edad, ponerse a aprender a dibujar, cuando en toda la vida no se ha hecho otra tentativa que la de una boa abierta y una boa cerrada a la edad de seis años! Ciertamente que yo trataré de hacer retratos lo más parecido posibles, pero no estoy muy seguro de lograrlo. Uno saldrá bien y otro no tiene parecido alguno. En las proporciones me equivoco también un poco. Aquí el principito es demasiado grande y allá es demasiado pequeño. Dudo también sobre el color de su traje. Titubeo sobre esto y lo otro y unas veces sale bien y otras mal. Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja. Es posible que yo sea un poco como las personas mayores. He debido envejecer.

Cuento

En un país muy lejano vivía un campesino.
El era el dueño de un pequeño campo, donde cultivaba cereales y de un jardincito que hacía las veces de
huerta, donde la esposa del campesino plantaba y cuidaba algunas hortalizas que ayudaban al magro
presupuesto familiar.
Un día, mientras trabajaba su campo tirando con su propio esfuerzo del rudimentario arado, vio entre los
terrones de la buena tierra, algo que brillaba intensamente. Casi desconfiado, se acercó y lo levantó. Era como un vidrio enorme.
Se sorprendió del brillo, que enceguecía al recibir los rayos del sol. Comprendió que se trataba de una piedra preciosa y que debía tener un valor enorme.
Por un momento, su cabeza vagó soñando con todo lo que podría hacer si vendiera el brillante, pero enseguida pensó que ese diamante era un regalo del cielo y que él debía cuidarlo y usarlo solamente en caso de emergencia.
El campesino terminó su tarea y volvió a su casa llevando consigo el diamante....Le dio miedo guardar la joya en la casa, así que cuando anocheció salió al jardín, hizo un pozo en la tierra entre los tomates y enterró allí el diamante. Para no olvidar dónde estaba enterrada la joya, puso justo sobre el lugar una roca amarillenta que encontró por allí.
A la mañana siguiente, el campesino llamó a su esposa, le mostró la roca y le pidió que por ninguna razón la
moviera del lugar. La esposa le preguntó por qué tenía que estar esa extraña piedra entre sus tomates. El
campesino no se animaba a contarle la verdad, temía preocuparla, así que le dijo:
—Esta es una piedra muy especial. Mientras esa piedra esté en ese lugar, entre los tomates, tendremos suerte. La esposa no discutió este desconocido perfil supersticioso de su marido y se las arregló para acomodar sus plantitas de tomate.
El matrimonio tenía dos hijos, un varón y una niña. Un día, cuando la niña tenía diez años le preguntó a su
madre por piedra del jardín.
—Trae suerte –dijo la madre y la niña se conformó.
Una mañana, cuando la hija salía para el colegio, se acercó a los tomates y tocó la roca amarillenta (ese día
tenía que dar un examen muy difícil).
Sólo por casualidad o porque la niña fue más confiada a la escuela, el caso es que el examen salió muy bien y la niña confirmó “los poderes” de la piedra.
Esa tarde cuando la niña volvió a la casa, trajo una pequeña piedra amarillenta que colocó al lado de la
anterior.
—¿Y eso? –preguntó la madre.
—Si una piedra trae suerte, dos nos traerán más suerte – dijo la niña en una lógica indiscutible.
A partir de ese día, cada vez que la niña encontraba una de esas piedras, la acercaba a las anteriores.
Como un juego de complicidades o como una manera de acompañar a la niña, también la madre comenzó con el tiempo a apilar piedras junto a las de su hija.
El hijo varón, en cambio, creció con el mito de las piedras incorporado a su vida. Desde pequeño le habían
enseñado a apilar piedras amarillentas al lado de las anteriores..Un día, el niño trajo una piedra verdosa y la
apiló con las otras...
—¿Qué significa esto, jovencito? –lo increpó la madre.
—Me pareció que la pila quedaría más linda con un toque verdoso –explicó el joven.
—De ninguna manera, hijo. Quita esa piedra de entre las otras.
—¿Por qué no puedo poner esa verde con las demás? –preguntó el niño, que siempre había sido bastante
rebelde.
—Porqueee... ehh... –balbuceó la madre (ella no sabía porque sólo piedras amarillentas eran las que traían
suerte, sólo recordaba las palabras de su marido “una piedra como esta entre los tomates trae suerte”).
—¿Por qué, mamá, por qué?
—Porque... las piedras amarillas traen suerte sólo si no hay piedras de otro color cerca –inventó la madre.
—Eso está mal –cuestionó el niño— ¿por qué no van a traer igual suerte si están con otras?
—Porque... eh... ah... las piedras de la suerte son muy celosas.
—¿¡Celosas! –repitió el joven con una risa irónica—piedras celosas? ¡Esto es ridículo!
—Mira, yo no sé de los por qués y los por qué—nos de las rocas, si quieres saber más, pregúntale a tu padre –le dijo la madre y se fue a hacer sus cosas, no sin antes retirar la intrusa piedra verdosa que el niño había traído.
Esa noche, el niño esperó hasta tarde a que su padre volviera del campo.
—Papá, ¿por qué las piedras amarillentas traen suerte? – le preguntó apenas lo vio entrar— ¿y por qué las
verdosas no?
¿Y por qué las amarillas no traen más suerte si hay una verde cerca? ¿Y por qué tienen que estar entre los
tomates?
...Y hubiera seguido preguntando antes de escuchar respuesta, si su padre no hubiera levantado la mano en
señal de detenerlo.
—Mañana, hijo, saldremos juntos al campo y contestaré todas tus preguntas.
—¿Y porqué hasta entonces...? –quiso seguir el joven.
—Mañana, hijo... mañana –lo interrumpió el padre..Bien temprano a la mañana siguiente, cuando todos
dormían en la casa, el padre se acercó al joven, lo despertó con ternura, lo ayudó a vestirse y lo llevó con él al campo.
—Mira, hijo, hasta ahora no te conté esto porque creí que no estabas preparado para conocer la verdad. Pero hoy me parece que has crecido, que ya eres un hombrecito y estás en condiciones de saber lo que sea y de guardar el secreto mientras sea necesario.
—¿Qué secreto papá?
—Te diré. Todas esas piedras están entre los tomates sólo para marcar un determinado lugar del jardín.
Debajo de todas esas rocas está enterrado un valioso diamante, que es el tesoro de esta familia. Yo no quise
que los demás supieran, porque me pareció que no se hubieran quedado tranquilos. Así como yo hoy comparto el secreto contigo, tuya será desde hoy la responsabilidad del secreto familiar... Algún día tendrás tus propios hijos, y algún día sabrás que alguno de ellos debe ser informado del secreto. Ese día llevarás a tu hijo lejos de la casa y le contarás la verdad sobre la joya escondida, como yo hoy te la cuento a ti –el padre besó en la mejilla a su hijo y siguió—.
Guardar un secreto también consiste en saber cuándo es el momento y quién es la persona que puede ser
digna del mismo.
Hasta tanto llegue tu día de elegir, debes dejar que los otros miembros de la familia, todos los otros, crean lo
que quieran sobre las rocas amarillas, verdes o azules.
—Puedes confiar en mí, papá –dijo el jovencito y se paró erguido, para parecer más grande.
...Pasaron los años. El viejo campesino murió y el jovencito se hizo hombre. Este tuvo sus hijos y de entre
todos ellos, hubo uno solo que supo a su tiempo el secreto del brillante. Todos los demás creían en la suerte
que traían las piedras amarillentas.
Durante años y años, generación tras generación, los miembros de esa familia acumularon piedras en el jardín de la casa. Se había formado allí una enorme montaña de piedras amarillentas, una montaña a la que la familia honraba como si fuera un enorme talismán infalible..Sólo un hombre o una mujer en cada generación era el portador de la verdad del diamante, todos los demás adoraban las piedras...
Hasta que un día, vaya a saber porqué, el secreto se perdió.
Quizás un padre que murió súbitamente, quizás un hijo que no creyó lo que le contaron. Lo cierto es que de allí en más, hubo quienes siguieron creyendo en el valor de las piedras y hubo también quienes cuestionaron esa vieja tradición. Pero nunca más, nadie se dio cuenta de la joya escondida...

Autorechazo

Estaba allí desde el primer momento, en la adrenalina que circulaba por las venas de tus padres cuando hacían el amor para concebirte, y después en el fluido que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón cuando todavía eras sólo un parásito.
Llegué a ti antes de que pudieras hablar, antes aun de que pudieras entender algo de lo que los otros te
hablaban.
Estaba ya, cuando torpemente intentabas tus primeros pasos ante la mirada burlona y divertida de todos.
Cuando estabas desprotegido y expuesto, cuando eras vulnerable y necesitado.
Aparecí en tu vida de la mano del pensamiento mágico, me acompañaban... las supersticiones y los conjuros, los fetiches y los amuletos... las buenas formas, las costumbres y la tradición... tus maestros, tus hermanos y tus amigos... Antes de que supieras que yo existía, yo dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad. Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.
Yo te traje tus sentimientos de vergüenza, te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso, de feo, de estúpido, de desagradable.
Yo te colgué la etiqueta de “diferente” cuando te dije por primera vez al oído que algo no andaba del todo bien contigo.
Existo desde antes de la conciencia, desde antes de la culpa, desde antes de la moralidad, desde los principios
del tiempo, desde que Adán se avergonzó de su cuerpo al notar que estaba desnudo... y lo cubrió.
Soy el invitado no querido, el visitante no deseado, y sin embargo soy el primero en llegar y el último en irme.
Me he vuelto poderoso con el tiempo, escuchando los consejos de tus padres sobre cómo triunfar en la vida.
Observando los preceptos de tu religión, que te dicen qué hacer y qué no hacer para poder ser aceptado por Dios en su seno.
Sufriendo las bromas crueles de tus compañeros de colegio, cuando se reían de tus dificultades.
Soportando las humillaciones de tus superiores.
Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo y comparándola después con las de los “exitosos”
que se muestran por televisión.
Y ahora, por fin poderoso como soy y por el simple hecho de ser mujer, de ser negro, de ser judío, de ser
homosexual, de ser oriental, de ser discapacitado, de ser alto, petiso, o gordo... puedo transformarte...
en un tacho de basura, en escoria, en un chivo expiatorio, en el responsable universal, en un maldito bastardo desechable.
Generaciones y generaciones de hombres y mujeres me apoyan.
No puedes librarte de mí.
La pena que causo es tan insostenible que para soportarme, deberás pasarme a tus hijos,.para que ellos me
pasen a los suyos, por los siglos de los siglos.
Para ayudarte a ti y a tu descendencia, me disfrazaré de perfeccionismo, de altos ideales, de autocrítica,
de patriotismo, de moralidad, de buenas costumbres, de autocontrol
La pena que te causo es tan intensa que querrás negarme y para eso intentarás esconderme detrás de tus
personajes, detrás de las drogas, detrás de tu lucha por el dinero, detrás de tus neurosis detrás de tu
sexualidad indiscriminada.
Pero no importa lo que hagas, no importa adónde vayas, yo estaré allí siempre allí.
Porque viajo contigo día y noche sin descanso, sin límites.
Yo soy la causa principal de la dependencia, de la posesividad, del esfuerzo, de la inmoralidad, del miedo,
de la violencia, del crimen, de la locura.
Yo te enseñé el miedo a ser rechazado, y condicioné tu existencia a ese miedo.
De mí dependes para seguir siendo esa persona buscada, deseada, aplaudida, gentil y agradable que hoy
muestras a los otros.
De mí dependes porque yo soy el baúl en el que escondiste aquellas cosas más desagradables, más ridículas,
menos deseables de ti mismo.
Gracias a mí, has aprendido a conformarte con lo que la vida te da, porque después de todo, cualquier cosa
que vivas será siempre más de lo que crees que mereces.
¿Has adivinado, verdad?
Soy el sentimiento de rechazo que sientes por ti mismo.
SOY... EL SENTIMIENTO DE RECHAZO
QUE SIENTES POR TI MISMO.
Recuerda nuestra historia...
Todo empezó aquel día gris
en que dejaste de decir orgulloso:
¡YO SOY!
y entre avergonzado y temeroso,
bajaste la cabeza
y cambiaste tus dichos y actitudes
por un pensamiento:
YO DEBERIA SER...

EL PLANTADOR DE DÁTILES


En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Elihau de rodillas, a
un costado de algunas palmeras datileras.
Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Elihau
transpirando, mientras parecía cavar en la arena.
—¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.
—Contigo –contestó Elihau sin dejar su tarea.
—¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?
—Siembro –contestó el viejo.
—¿Qué siembras aquí, Elihau?
—Dátiles –respondió Elihau mientras señalaba a su alrededor el palmar.
—¡Dátiles! –repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez
comprensivamente—. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.
—No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...
—Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?
—No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado... pero eso ¿qué importa?
—Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años de crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.
—Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar estos dátiles. Yo
siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.
—Me has dado una gran lección, Elihau, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste –y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.
—Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a
cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché
una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.
—Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más
importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.
—Y a veces pasa esto –siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas—: sembré
para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.
—Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda
mi fortuna para pagarte...

Tienda de la Verdad


El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían.
Entró.
Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:
—Perdón, ¿esta es la tienda de la verdad?.
—Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad
completa?
Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar a un lugar y llevarse la
verdad, era maravilloso.
—Verdad completa –contestó el hombre sin dudarlo.
“Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones”, pensó, “no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.
—¡Verdad plena! –ratificó.
—Bien, señor, sígame.
La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo:
—El señor lo va a atender.
El vendedor se acercó y esperó que el hombre hablara.
—Vengo a comprar la verdad completa.
—Ahá, perdón, ¿el señor sabe el precio?
—No, ¿cuál es? –contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.
—Si usted se la lleva –dijo el vendedor— el precio es que nunca más podrá estar en paz.
Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.
—Gra... gracias, disculpe... –balbuceó.
Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso.
Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que
todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales
refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.
“Quizás más adelante”, pensó...

Frase

NADIE TIENE MÁS POSIBILIDADES
DE CAER EN UN ENGAÑO
QUE AQUEL A QUIEN LA MENTIRA
LE AJUSTA CON SUS DESEOS.

Ceguera

Había en un pueblo un señor, que tenía una rara enfermedad en los ojos.
El hombre había estado ciego los últimos treinta años de su vida.
Un día llegó al pueblo un famoso médico a quien se consultó por su caso.
El doctor aseguró que operando al hombre, podía devolverle la vista.
Su esposa (que se sentía vieja y fea) se opuso...

Despertar...

Voy paseando por un camino solitario, disfruto del aire, del sol, de los pájaros y del placer de que mis pies me lleven por donde ellos quieran.
A un costado del camino, encuentro un esclavo durmiendo.
Me acerco y descubro que está soñando, de sus palabras y gestos adivino... sé lo que sueña:
El esclavo está soñando que es libre.
La expresión de su cara refleja paz y serenidad.
Me pregunto...
¿Debo despertarlo y mostrarle que sólo es un sueño, y que sepa que sigue siendo un esclavo?
¿O debo dejarlo dormir todo el tiempo que pueda, disfrutando aunque sea en sueños,
de su realidad fantaseada?
—¿Cuál es la respuesta correcta?...

Los Diez Mandamientos (Cuento)


...Y sucedió que un día en las puertas del cielo, se juntaron algunos cientos de almas, que eran las que
anidaban en los hombres y mujeres que habían muerto ese día...
San Pedro, supuesto guardián de las puertas de entrada al paraíso, ordenaba el tráfico:
—Por indicación del “Capo” vamos a formar tres grandes grupos de huéspedes, a partir de la observancia de
los diez mandamientos.
El primer grupo, con aquellos que hayan violado todos los mandamientos por lo menos una vez.
El segundo grupo, con aquellos que hayan violado por lo menos uno de los mandamientos alguna vez..Y el
último grupo, que suponemos el más numeroso, compuesto por aquellos que nunca en sus vidas hayan violado
ni uno de los diez mandamientos.
—Bien –siguió San Pedro—. Los que hayan violado todos los mandamientos, córranse a la derecha.
Más de la mitad de las almas se corrieron a la derecha.
—Ahora –proclamó—, de los que quedan, aquellos que hayan violado alguno de los mandamientos, córranse
hacia la izquierda.
Todas las almas que quedaban se desplazaron a la izquierda...
Casi todas...
De hecho todas, menos una.
Quedó en el centro el alma que había sido de un buen hombre, que vivió toda su vida en el camino de los
buenos sentimientos, de los buenos pensamientos y de las buenas acciones.
San Pedro se sorprendió, solamente un alma quedaba en el grupo de las mejores almas.
De inmediato, llamó a Dios para notificarlo.
—Mira, el asunto es así: si seguimos el plan original ese pobre tipo que quedó en el centro, en lugar de
beneficiarse por su beatitud, se va a aburrir como una ostra en la soledad más extrema. Me parece que
debemos hacer algo al respecto.
Dios se paró frente al grupo y les dijo:
—Aquellos que se arrepientan ahora serán perdonados y sus fallas olvidadas. Los que se arrepientan pueden
volver a reunirse en el centro, con las almas puras e inmaculadas.
Poco a poco, todos empezaron a moverse hacia el centro.
—¡Alto! ¡Injusticia! ¡Traición! –se escuchó una voz.
Era la voz del que no había pecado.
—¡Así no vale! ¡Si hubieran avisado que iban a perdonar, yo no me cagaba la vida!...

Otra Frase

La vida es la suma de las decisiones que tomas

miércoles, 12 de febrero de 2014

Mano de Dios


Las Lentejas, Jorge Bucay


Un día, estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas sentado en el umbral de una casa cualquiera. No había nada en toda Atenas más barato en comida que el guiso de lentejas. Dicho de otra manera, comer guiso de lentejas era definirse en estado de la mayor precariedad. Pasó un ministro del emperador y le dijo: —¡Ay! Diógenes, si aprendieras a ser más sumiso y a adular un poco al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas. Diógenes dejó de comer, levantó la vista y mirando al acaudalado interlocutor profundamente, le dijo:.—Ay de ti, hermano. Si aprendieras a comer un poco de lentejas, no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador.